The Missing 43: Mexico’s Disappeared Students (Full Length)

August 14, 2019 0 By William Hollis


LOS 43 QUE FALTAN:
NORMALISTAS DESAPARECIDOS Estamos en el Ángel de la Independencia,
en el Paseo de la Reforma, la avenida más importante y simbólica
aquí en la Ciudad de México. En este momento, miles de personas
se han reunido para protestar la desaparición de 43 estudiantes normalistas
en el estado de Guerrero, y el asesinato de otras seis personas. Casi todos eran estudiantes de la
Escuela Normal de Ayotzinapa. Esta escuela es conocida en todo el país por
su ideología y prácticas de izquierda. Este caso ha conmocionado el país, generando muestras de indignación
y rabia pocas veces vistas. Y aunque el presidente Enrique Peña Nieto ha
prometido que se hará justicia, estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa,
defensores de derechos humanos y simpatizantes en muchas
ciudades de México se han reunido hoy para protestar por este caso, que parece evidenciar los altos niveles de
corrupción y la falta de estado de derecho, una situación que parece dominar
el país hasta estos días. Estamos en el Monumento a la Bandera, aquí en la ciudad de Iguala, Guerrero. Históricamente, esta ciudad es conocida como el lugar en donde nació la bandera nacional. Ahora, claro, es conocida por la tragedia
que sucedió aquí. Estamos aquí para entender cómo
sucedió este incidente, y qué es lo que las autoridades mexicanas
están haciendo para responder. En la tarde del 26 de septiembre un grupo de unos cien estudiantes de la
Escuela Normal de Ayotzinapa, viajaron en una caravana de autobuses
a la ciudad de Iguala, a unas dos horas de distancia hacia el norte. Estos autobuses no habían sido rentados, sino tomados por los estudiantes,
una práctica que se ha hecho común. Los estudiantes iban
a Iguala a tomar más autobuses que según los estudiantes, necesitaban para
ir a una manifestación a la Ciudad de México. Alrededor de las nueve de la noche, los autobuses
de los estudiantes iban saliendo de la ciudad, cuando fueron emboscados
por patrullas de la policía, y ahí es cuando empezó la balacera. Los policías dispararon indiscriminadamente
a los tres autobuses. Ernesto Guerrero, uno de los sobrevivientes
al ataque de la policía, nos contó lo que pasó. El único registro del ataque es este video grabado
por uno de los estudiantes con su teléfono. Muchos de los estudiantes huyeron,
pero otros no pudieron escapar. Oficiales de la policía de Iguala
los subieron a sus patrullas. Después se supo que el total de estudiantes
llevados en las patrullas sumaban 43. Desde entonces, no se sabe del paradero de
estos jóvenes estudiantes normalistas. Varias horas después, cerca de la media noche, llegaron reporteros de medios locales
y activistas de derechos humanos. Después ocurrió una segunda
ráfaga de disparos, por parte de personas no identificadas
en camionetas. Tres personas que viajaban en un autobús
y en un taxi murieron en el ataque. Vidulfo Rosales, abogado del Centro de Derechos Humanos
Tlachinollan, en Guerrero. dice que hubo graves violaciones de derechos
durante aquella noche en Iguala. Las escuelas normales rurales
como la de Ayotzinapa son academias establecidas en zonas pobres
para formar futuros maestros. Históricamente han estado al frente de
muchos movimientos sociales, y tienen como base principios comunistas. Para entender la raíz de estos problemas,
viajamos hasta aquí, a la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos,
en Ayotzinapa. Queríamos entender su historia
y su situación actual. Conocimos a otro representante de los estudiantes, Uriel Gómez, quien aceptó mostrarnos la escuela, y los cuartos donde algunos de los
estudiantes desaparecidos dormían. Estos son algunos de los muchos murales
que hay en la escuela de Ayotzinapa. Este individuo aquí, es Lucio Cabañas, un líder guerrillero de Guerrero, egresado de esta escuela. Tienen mensajes revolucionarios,
de lucha y memoria para las víctimas de otros ataques del gobierno,
en que los estudiantes han sido oprimidos. Enfrentamientos entre los estudiantes
de Ayotzinapa y las autoridades se han hecho constantes a lo largo de los años. De hecho, el ataque en Iguala no fue la primera vez que autoridades de Guerrero han abierto fuego contra estudiantes de Ayotzinapa. El 12 de diciembre de 2011, un bloqueo de estudiantes en la autopista
entre la Ciudad de México y Acapulco terminó en un derramamiento de sangre, cuando la policía estatal le disparó y mató
a dos estudiantes. Otro hombre tuvo quemaduras graves después de que los manifestantes prendieron
fuego a una gasolinera y semanas después murió a
causa de sus heridas. Esta es la calle Juan Álvarez. Es la calle donde los estudiantes normalistas, fueron detenidos por oficiales
de la policía municipal. El primer tiroteo ocurrió en esta calle, cuando los tres autobuses venían en esta
dirección para tomar la avenida principal. Y aquí es donde ocurrió el tiroteo. La emboscada de la policía en Iguala, donde seis
personas murieron y 43 desaparecieron, dejó en shock a México. Pero si la policía realizó el ataque, fue porque alguien debió ordenarle que lo hiciera. José Luis Abarca fue elegido alcalde de Iguala en 2012. El 26 de septiembre, día del ataque, su esposa, María de los Ángeles Pineda, tenía programado un evento político con el que buscaba apoyo para lanzarse como
candidata a la alcaldía en 2015. De acuerdo a investigadores federales, Abarca ordenó a la policía
detener a los estudiantes para evitar una eventual irrupción
al evento de su esposa. Mientras él y Pineda bailaban con habitantes
de Iguala, a unas cuadras del lugar la policía municipal disparaba contra
los autobuses. La procuraduría informaría después
que la esposa del alcalde, tiene vínculos familiares
con el cártel local, Guerreros Unidos. Guerreros Unidos surgió al
fraccionarse el cártel de los Beltrán Leyva, y está involucrado en la producción de
mariguana y amapola en Guerrero. Funcionarios federales dijeron que
la esposa del alcalde era la operadora del cártel dentro del
gobierno municipal de Iguala, y quien daba a la policía dinero del narco. El 28 de septiembre, 22 policías municipales fueron arrestados por la conexión que tenían
con la balacera ocurrida en Iguala. El 30 de septiembre, a cuatro días del ataque,
José Luis Abarca solicitó una licencia del cargo y poco tiempo después, él
y su esposa desaparecieron. Desde que los estudiantes desaparecieron,
grupos de voluntarios comenzaron a buscarlos en los cerros de Iguala con
esperanza de encontrar cualquier señal de ellos. Estos voluntarios pertenecen
a un grupo de policía comunitaria que surgió en años recientes en Guerrero
y que es conocida por sus siglas, UPOEG. Nos dijeron que las autoridades eran inútiles
en la búsqueda de los estudiantes desaparecidos, y que no pararían hasta encontrarlos ellos mismos. Unos días después, fue encontrada la primera de
las fosas clandestinas en los alrededores de Iguala. Fuimos a ver una de estas fosas con un grupo
de la policía comunitaria. Este lugar se llama Pueblo Viejo. Detrás de mí, en ese mismo cerro, es donde se encontró la primera fosa clandestina, que posiblemente esté relacionada
a la desaparición de los 43 estudiantes. Los habitantes de la zona conocen este lugar, y este cerro,
como un cementerio clandestino. Según la policía estatal, esta área es territorio de
al menos cuatro grupos criminales que operan aquí en Guerrero. Uno de los cuales es Guerreros Unidos. Sólo puedo imaginar el miedo y el terror que pudo sentir cualquier víctima
al caminar por aquí, en esta marcha fúnebre, hacia una fosa, donde sería enterrada con
decenas de personas. Así que esto es en lo que
se ha convertido Guerrero. Aquí tenemos civiles, una policía comunitaria,
voluntarios desarmados buscando a las víctimas
del ataque de la policía de Iguala. Estamos esperando a
defensores de derechos humanos, para que vengan a registrar el
descubrimiento de otra fosa, que podría o no estar relacionada
con el caso de los normalistas. Cualquiera que sea el caso, esto refleja
algo que se ha dicho antes: México es una fosa clandestina. Mientras estos hombres llevan un rato buscando
voluntariamente rastros de las víctimas, el gobierno mexicano apenas empieza
a involucrarse, como vemos hoy. También notamos que en el camino hacia las fosas
hay basura abandonada por los peritos forenses. Aquí se puede ver que
son deshechos de riesgo biológico. No soy un experto forense, pero creo que no es la mejor forma de deshacerse
de la basura de una investigación criminal. El Equipo Argentino de Antropología Forense ha sido invitado a investigar masacres en
El Salvador, Congo, Bosnia, Colombia y otros lugares. Los padres dijeron que no confiarían en nadie más. Con los voluntarios,
vimos de primera mano algunos de los retos que enfrentan durante
la búsqueda en Iguala. Aparentemente alguien nos está vigilando, entonces, en realidad, ¿quién manda aquí? Regresamos a la Normal de Ayotzinapa para buscar
a los padres y familiares de los desaparecidos, mientras los días pasaban sin tener ningún
rastro de los 43 normalistas. Conocimos a Felipe de la Cruz Sandoval, egresado de Ayotzinapa y padre de
uno de los estudiantes sobrevivientes. El 11 de octubre, mientras más fosas eran
descubiertas en los alrededores de Iguala, Ángel Aguirre, el gobernador de Guerrero, anunció que ninguno de los 28 cuerpos
hallados hasta ese momento era de los estudiantes desaparecidos. Mientras tanto, los manifestantes
clamaban por la renuncia de Aguirre, culpándolo por la falta de gobernabilidad
y estado de derecho en Guerrero. El 22 de octubre, estudiantes y padres de
Ayotzinapa marcharon en Iguala. Ésta fue la primera vez que regresaron juntos
a la escena del crimen. Después de que estudiantes y padres
dejaron el lugar, enmascarados saquearon e incendiaron
el palacio municipal de Iguala. No queda claro quiénes eran estos tipos; ciertamente no eran estudiantes
ni padres de Ayotzinapa. Habitantes locales y periodistas especulan que
podrían haber sido enviados por Guerreros Unidos, o incluso por el gobierno para
desprestigiar las protestas pacíficas. ¿Alguien me puede decir
a dónde vamos y para qué? A Comercial Mexicana a hacer un desmadre. ¡Vamos de compras! Este grupo se dirigió a un centro comercial ligado
al alcalde de Iguala, y también lo saquearon. Después de una hora de saqueos,
la policía federal por fin llegó al lugar. Para entonces, las personas ya habían
huido con televisores y celulares. El 23 de octubre, el gobernador
Aguirre respondió renunciando a su cargo, según él, para permitir que las
investigaciones continuaran libremente. Gobernador, ¿no va a hacer una declaración sobre los alcaldes
que están involucrados en la delincuencia? Hasta entonces, la búsqueda se había enfocado
en hallar restos de jóvenes asesinados. pero los padres insistían en que la búsqueda se
enfocara en hallar a sus hijos vivos. Más frustrados que nunca, el 29 de octubre, los padres viajaron a la Ciudad de México, para entrevistarse con el presidente
Enrique Peña Nieto en Los Pinos. No se permitió el acceso a
la prensa a la reunión, pero uno de los padres grabó
este video en su celular. Estamos aquí con la intención de decirle a usted, que le ponemos un plazo
no mayor a dos o tres días, para saber resultados concretos. No están en las fosas, y eso quiere decirnos a nosotros,
que nuestros muchachos están vivos. La agonía es larga. Si usted ve ya el enojo de cada uno
de los padres y la desesperación, no creo que a partir de este día,
usted también pueda dormir tranquilo. Creo yo, que si usted no tienen la capacidad
para darnos la respuesta ya, también debe de estar pensando
lo mismo que el gobernador de Guerrero. Los padres se negaron a dejar Los Pinos,
hasta que Peña Nieto firmara un documento prometiendo que el gobierno mexicano
buscaría a los estudiantes vivos, y no como restos humanos. Los padres, exhaustos, enojados,
regresaron a Ayotzinapa y decidieron reunirse para llamar a otra marcha, exigiendo el regreso de los desaparecidos. El 4 de noviembre, el ex alcalde de Iguala y su
esposa fueron detenidos en una casa, en Iztapalapa, en la Ciudad de México. Si bien este arresto acercaba a los
investigadores a resolver el caso, para los estudiantes de Ayotzinapa y padres de
los desaparecidos, su lucha apenas comenzaba. Después de un mes, los estudiantes
seguían sin aparecer. Para los padres de los desaparecidos,
sus emociones pasaron del enojo y el coraje al luto, la tristeza y la desesperación. La Procuraduría General de la República declaró que diez mil oficiales federales estaban
participando en la búsqueda. Basándose en interrogatorios, las autoridades
enfocaron su atención a un basurero en las afueras de un pueblo llamado Cocula, ubicado a unos 22 kilómetros de Iguala. Oficiales federales dijeron que en
este terreno, detrás de esta reja oxidada podría existir otra fosa. Las autoridades llegaron aquí
basados en el testimonio de supuestos miembros
del cártel Guerreros Unidos. Estos hombres serían, en teoría,
y bajo esta línea de investigación, las últimas personas que vieron con vida
a los 43 estudiantes desaparecidos. Oficiales federales están
buceando en este río. Están metiendo lanchas para buscar más restos. También están aquí algunos oficiales de la
Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Ellos están aquí como observadores, y dicen que sus únicas armas son sus
cuadernos y sus plumas, mientras registran el trabajo de
los oficiales federales, quienes siguen buscando restos que podrían
ser de los estudiantes desaparecidos. El 7 de noviembre, el procurador, Jesús Murillo Karam, ofreció una conferencia de prensa y dio una noticia devastadora: Miembros de Guerreros Unidos, que fueron detenidos e interrogados por
las autoridades, dijeron que la policía de Iguala les entregó un grupo de 43 o 44 jóvenes que se identificaron como estudiantes. Les preguntamos que qué eran, y todos
respondían que eran estudiantes. “Somos estudiantes”. Las autoridades dicen que los posibles culpables
llevaron a los estudiantes en camionetas a Cocula. Horas antes de dar esta información, Murillo Karam viajó en helicóptero a Chilpancingo, para reunirse con los padres de los desaparecidos. Se reunieron en un hangar, y una vez mas,
el acceso estuvo restringido para la prensa. Pero conseguimos este material
de manos de uno de los padres. Tengo tres detenidos, que son los que recibieron a los muchachos después de que los policías se los entregaron. Y la información que ellos me dan es realmente una muy mala noticia. Según estos… a ellos les entregan los muchachos y
los suben en unas camionetas. Los interrogan, les hacen muchas preguntas.
Después los matan. Los avientan a la barranca. Se bajan. Prenden una hoguera que duró quince
horas prendida, y los queman. Después recogen los restos, los meten en bolsas de plástico negro, y los tiran al río, en el puente
del Río San Juan. En el material presentado en la rueda de
prensa por el procurador, uno de los detenidos describió cómo
es que quemaron a los estudiantes. ¿Qué hicieron cuando estaban abajo? Comenzaron a poner piedras, de manera
que quedara un círculo de pura piedra. Y encima de la piedra se aventaba la llanta, y arriba de la llanta se metía la leña, y ya los cuerpos al principio los
iban acomodando así. Una plancha, y ya después así. Bañaron los cuerpos y ahí con la plancha de diesel y gasolina. Y “El Duva” y “El Huasaco” les prendieron
de una orilla y de otra. Los padres se rehusaron a creerlo. Antes de aceptar que sus hijos estaban incinerados
al punto de no poder ser identificados, ellos querían pruebas definitivas. Para que nosotros podamos
confiar en los resultados, primero los médicos forenses
que nosotros, este… ahora si que nosotros nombramos
para tener la seguridad de que son, nos lo digan a nosotros. Mientras ellos no nos aseguren que son
los compañeros normalistas los que están ahí en restos, no podemos creer nada. El gobierno dijo que enviaría
los restos y las cenizas que encontraron en el basurero de Cocula a expertos de la universidad
de Innsbruck, Austria. El ocho de noviembre, un día después
de la rueda de prensa, marcó el día 43 desde el ataque
de la policía en Iguala. y la gente salió a manifestarse
a las calles una vez más. Esa noche el coraje finalmente estalló en la
Ciudad de México. Al final de una marcha pacífica masiva, manifestantes en la explanada del Zócalo, golpearon y le prendieron fuego a la
puerta de 150 años del Palacio Nacional. Aunque algunos que estuvieron ahí, dicen que
provocadores pagados por el gobierno fueron quienes lo hicieron. Ese mismo día, estudiantes de Ayotzinapa
y otros manifestantes, incendiaron una vez más el
Palacio de Gobierno en Chilpancingo, la capital de Guerrero. El gobierno de México seguramente pensó, que con la reciente noticia, de que los 43 jóvenes fueron probablemente asesinados en Cocula, seguramente esperaban que las cosas en Guerrero se pudieran
tranquilizar un poco pero como podemos ver, eso está muy
lejos de suceder. Los padres no lo están aceptando, y ahora podemos ver que
los estudiantes tampoco. Hoy mismo hubo una reunión con los
estudiantes de Ayotzinapa… Y estos camiones están explotando. Los bomberos están llegando ahora. La insistencia de los padres
de contar con una segunda opinión, después de las declaraciones
del procurador, podría parecer en un principio como algo necio. Aunque la versión del gobierno
sonaba lo suficientemente posible, surgieron múltiples artículos,
editoriales e incluso teorías de conspiración, cuestionando la investigación. Cuando la incompetencia del gobierno ha sido evidenciada
en casi cada momento de este proceso, ¿por qué los padres o la población en general
habría de creer ahora la versión oficial? De cualquier manera dijeron que esperarían
los resultados finales sobre el destino de sus hijos hasta que el equipo forense de Argentina
terminara de investigar. Había una sensación, incluso para alguien con conocimientos básicos del pasado de México, de que la historia se estaba repitiendo. En esta plaza, la Plaza de las Tres Culturas, el 2 de octubre de 1968, fuerzas del Estado, con el ejército al frente, dispararon de manera indiscriminada, al igual
que francotiradores desde ese edificio, justo ahí, el edificio Chihuahua, y mataron a cientos de estudiantes y
manifestantes. Incluso a civiles que vivían en este complejo
habitacional llamado Tlatelolco. Y aquí estamos de nuevo, la sociedad mexicana, enfrentando otro acto atroz
de violencia generada por el estado. Hoy es 20 de noviembre, 2014, y este es uno de los tres puntos, desde los cuales los manifestantes marcharán
en dirección al Zócalo, aquí en la Ciudad de México. Para este momento las protestas por los
estudiantes desaparecidos se habían hecho globales. Se registraron protestas frente a embajadas
y consulados mexicanos y en plazas públicas en Nueva York,
Buenos Aires, París, Londres, Barcelona, Nueva Delhi,
Bangkok, entre otros. La tensión creció al punto
de que periodistas pro-gobierno y simpatizantes de Peña Nieto, empezaron a crear argumentos escalofriantes diciendo que los partidos
de oposición de izquierda, guerrillas y el crimen organizado intentaban
desestabilizar al país. Pero no importa que tan cuestionables pudieran
ser los estudiantes de Ayotzinapa, por sus prácticas de confrontación y
principios de izquierda, no hay nada que pueda justificar
una ejecución extrajudicial masiva, como la que las autoridades
dijeron que seguramente ocurrió. Mucha gente en México se pregunta,
¿cuántos más José Luis Abarca hay en el país?, ¿cuántas otras ciudades y pueblos
son controlados por grupos de narcotraficantes
o secuestradores? Se considera que más
de la mitad de los estados en México se encuentran bajo la influencia
del crimen organizado, de acuerdo con el Departamento
de Estado de E.U. Las cifras son impactantes, casi el 94% de los crímenes en
México no son investigados. Desde finales del 2006, el número oficial de desaparecidos en el país, es de un poco más de 22 mil. Pero analistas independientes dicen que
esa cifra puede ser mucho más alta. Algunos de esos desaparecidos deben
estar entre los restos encontrados en las fosas halladas cerca de Iguala. Después de las investigaciones,
muchas preguntas quedan aún sin responder, y entre ellas una muy básica. ¿Por qué mataron a estos estudiantes? ¿Por qué alguien querría una
exterminación masiva? ¿Y quién pensaría que esa era una idea
que valía la pena ejecutar? ¿Y ahora qué sigue? ¿Cómo puede México transformar
la frustración y la desesperación, por este ambiente de violencia narcopolítica, en acciones concretas para generar un cambio? Esa es la pregunta más importante
que enfrentan el país y todos sus ciudadanos hoy.